lunes, 28 de marzo de 2016

LA METÁFORA DE LA CONSCIENCIA COMO ESPEJO






... de la Red
 
 
            Siendo el sentido de la vista ciego para sí mismo, ningún ser humano puede visualizar directamente, con sus propios ojos, quien es; a menos que emplee un espejo en el que poder ver reflejado su cuerpo, y especialmente su rostro que lo identifica como individuo singular. Naturalmente, puede  tener una  imagen  diferida  por medio de la  información -casi siempre envuelta en opiniones- que las demás personas le hagan llegar: algo puramente subjetivo y dependiente de los juicios y pre-juicios que los demás sostienen sobre el personaje que todos somos. ¿Cuál sería entonces nuestra realidad -en este caso física- si no pudiésemos comprobarla in situ, por nosotros mismos, a través de nuestra mirada en el espejo?
            De igual modo la consciencia de nuestro yo -también ciega para sí misma- parece demandar un espejo en el que mirarse (somos seres reflexivos; es decir, construidos a base de reflejos que se van tejiendo con el paso de los años sobre nosotros mismos); pero dicha potencia y capacidad de ser no podemos ejercerla en tiempo real. Basta que llevemos a cabo alguna tipo de autoobservación sobre lo que sentimos y pensamos (algo que se conoce como metacognición) para comprobar que nos contemplamos o reflexionamos sobre nuestra identidad de manera igualmente diferida: la consciencia es pues una emergencia a posteriori de la actividad neuronal de base de nuestro cerebro.
            Pero hay algo más;  al menos lo puedo intuir de manera introspectiva. Igual que físicamente no podemos contemplar nuestro rostro si no es a través de un espejo, un artilugio exterior a nosotros mismos; tampoco podríamos observar directamente nuestra psique, mente, alma, o como queramos llamarla, si no dispusiésemos de un espejo de naturaleza similar a ella, seguramente por alguna razón que desconocemos exterior a nosotros. Creo que esa debe ser la Matriz Cuántica -cósmica y no local- a la que hacen referencia algunos científicos que han intentado hallar una explicación al complejo enigma de la consciencia.
            Pienso que lo hasta aquí expuesto, aunque solo sea una mera especulación teórica, mantiene consigo mismo un cierto nivel de coherencia y verosimilitud. Tal vez algún día, cuando la ciencia haya avanzado en consonancia con nuestra evolución consciente, podamos hallar una respuesta definitiva al gran misterio de la consciencia. Hasta entonces tendremos que sobrenadar en un mar de hipótesis o supuestos filosóficos sin verificación, que mantienen dividido el pensamiento humano (al parecer, siempre ha sido así) entre materialistas-fisicalistas e idealistas-espitirualistas: los primeros, pretendiendo descubrir qué es lo que causa la imagen en ese espejo; los segundos, esforzándose en imaginar lo que hay detrás de él.
 

jueves, 17 de marzo de 2016

EL DENOMINADO "PROBLEMA DURO" DE LA CONSCIENCIA


... de la Red



            Hasta donde alcanzo a comprender, el denominado "problema duro" acerca de lo que la consciencia sea, sigue hoy en día pendiente de resolución. A menos, que algún científico sabio lo haya descubierto, pero no quiera compartirlo con nadie y por eso no lo publique. ¿Quién se atrevería a cometer tal necedad? Aunque visto lo visto, tal vez puedan existir razones para obrar así que escapan a nuestra propia razón. Cosas más extrañas suceden en este Mundo.
            Bromas aparte, y sea como fuere, la cuestión aparece aún irresoluta, a pesar de todos los argumentos que se vienen dando desde las posiciones materialista-fisicalistas de la Filosofía y las Neurociencias; pues bien sabemos que la solución a un problema suele desbordar o ampliar el marco en que se asienta su hipotético planteamiento. Como debemos recordar aquí: "en una definición, lo que se pretende definir, no puede aparecer reflejado en la propia definición". ¿Y por qué digo esto y creo además que la cosa es bastante peliaguda? Entremos en harinas.
            Para mí la consciencia es un contenedor virtual sellado de alguna manera, como, por ejemplo (empleando un símil aproximado), la famosa "caja negra" que la psicología conductista quiso hacernos creer que era el receptáculo de la mente humana. Ya sabemos que los conductistas erraron al afirmar tal cosa, pero de alguna manera pusieron en entredicho la posibilidad de acceder a la consciencia humana. Intentaron convencernos de que era posible manejarla con un elemental juego de E-R, una sencilla (no tan sencilla, por supuesto) ecuación, desde cuya entrada, administrando diferentes valores, obtendríamos automáticamente los resultados que esperábamos conseguir al diseñar la experiencia. Según lo dicho (me atrevo a exagerar), si quisiésemos, podríamos fabricar de la nada a un santo o a un criminal. No es así, y hoy la neurociencia, unida a otras ramas de la investigación científica, va camino de hallar una respuesta para un enigma que desde el inicio de la propuesta de John Watson nos ha llevado más de un siglo desentrañar, aunque solo sea a medias. Se trata en esencia de un problema complejo, diríamos en todo caso, "más previsible", que el asunto que nos ocupa. Cómo funciona el cerebro humano  es cosa bien distinta a qué es la consciencia.
            Entonces, ¿qué hay del denominado problema duro de la psique humana?
            De acuerdo con lo expresado, entiendo que no puede resolverse desde dentro del propio contenedor (la consciencia individual) en el que se aloja. Estaríamos, a mi modo de ver (haciendo un salto circense), en un presupuesto parecido a lo ya comentado en relación con "lo definido" y la "definición". Si el marco no puede ampliarse, ¿cómo vamos a encontrar una solución al problema que nos preocupa? ¿Y de qué modo lo lograríamos si nosotros somos, al mismo tiempo, juez y parte en la cuestión? Tendría que ser un juez imparcial (continuando con el símil empleado) el que pudiera dar una respuesta plausible a ese endiablado enigma; pero ello no es posible porque todos los jueces son seres dotados de consciencia, sujetos de sí mismos, y por tanto, no objetivos, ni neutrales. Nuestro campo de existencia, el campo en que todos estamos inmersos, no es otro que el de la propia consciencia vivimos clausurados. ¿Y qué hay del Mundo exterior? ¿Acaso podemos verlo como algo neutro e independiente a nuestra psique, algo absolutamente descontaminado de lo que somos por naturaleza?
            Como vemos, el círculo vuelve a cerrarse sobre el mismo sujeto que lo piensa y cuestiona: "That´s the question". Luego, entonces..., qué hacer si somos seres circulares existiendo dentro de nuestra propia vaina mental.
            Tendríamos que plantearnos la hipótesis, por demás admitidas por algunos científicos de los campos de la Física y la Neurología, que apuntan en el sentido de que la solución al problema no sería precisamente de tipo local (digamos dentro del cerebro del sujeto) sino "no local", un fenómeno que desbordaría la psique humana insertándose cuánticamente en una matriz energética de carácter universal. Podríamos decir, que a través del colapso onda-partícula (dentro de un campo unificado), al menos, mientras estamos vivos, nos sincronizamos de alguna forma no explicada con el Universo entero. Nos comunicaríamos en una doble ruta de entrada-salida generando ideas  y  emociones-sentimientos con los cuales procesar y reprocesar el Mundo material, siendo nuestro cerebro la maquina catalizadora de la experiencia humana: es obvio, que no podemos prescindir de él, pero tendríamos que convenir (una vez aceptada dicha premisa) que somos mucho más que éste. O, dicho de otra forma: la complejidad cerebral parece que no puede explicar por sí sola la emergencia de la mente autoconsciente.
            Participan de dicha tesis, por citar algunos reconocidos filósofos y científicos, los siguientes: Kart Popper, David Chalmers, John Eccles, Roger Penrose y Stuart Hameroff. Y, por supuesto, son contestados por otros de la talla de John Searle, Daniel Dennett, Rodolfo Llinás y Mario Bunge, entre otros.
            Ante esta situación de teóricos divididos entre monistas-dualistas, o si se quiere, materialistas-espiritualistas, que cada cual adopte la postura (está en su derecho) que mejor crea que explica su realidad como sujeto pensante. Yo, humildemente, me quedo con la primera opción.
 
                   Blog: "Papel en Blanco"                        (J.L. Pacheco)

lunes, 14 de marzo de 2016

LAS DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA


                                                  

... de la Red
 
                                

            Inventamos a cada instante un nuevo Universo, porque éste en el que vivimos no nos gusta ni convence. Mas curiosamente, éste es el único que conocemos. ¿Tal vez el espejismo dentro del cual existimos nos impulsa a adentrarnos en otro espejismo, y así sucesivamente?

            La naturaleza impermanente y polimorfa de los fenómenos es la causante de todos nuestros constantes errores, afirman los antiguos sabios hinduistas y budistas. Sin embargo, ¿qué podemos hacer ante tanta fragilidad que nos afecta y conmueve; nos horroriza y llena de frecuentes contradicciones y pesares? Paciencia para soportarlo y esperanza para superarlo parecen ser las consignas que la lógica social del vivir diario nos propone: ¿algo parecido a una suerte de forja de las virtudes cristianas? ¿Pero, es ésta la única posibilidad que tenemos para lograr sobreponernos a la lábil naturaleza de los fenómenos y sus manifestaciones? (Ya nos hemos referido antes a la interpretación que las filosofías orientales dan al respecto, y añadiremos -sin entrar en detalles- que éstas aportan su solución al problema.)

            Nosotros mismos, sin ir más lejos, somos un arcano misterio: seres híbridos conformados por una fuente de energía hoy por hoy insuficientemente explicada por la ciencia. ¿Porque, qué son si no la mente, el alma o el espíritu que se nos muestran como una manifestación singular de la Naturaleza, de alguna manera contrapuesta a la propia existencia de la materia, soporte sustancial de todo lo que podemos observar, incluido   nosotros mismos?

            No obstante, resulta coherente concluir que tal apreciación es igualmente un producto de la omnipresente virtualidad del Mundo y sus emanaciones. ¿Cómo podemos entonces pretender hallar marcos, reglas, razones, leyes inmutables, cuando el Universo, cambiante en sí, es a la vez observado, analizado por unos seres -nosotros mismos que lo habitamos y formamos parte de él-  relativos y mutantes al mismo tiempo?

            El ojo que todo lo quiere ver y comprender pertenece a un ser inestable; cuyo yo o yoes, para el caso da igual -hoy la ciencia ya lo admite sin ambages- es pura ficción: un constructo emergente, y a la vez evanescente, generado por la insondable dinámica que sostiene la subjetividad humana.

            ¿Puede haber algo más ilógico que la simple pretensión de alcanzar la objetividad a partir de una sustancia creadora que nace y muere dentro del propio sujeto? ¿No es acaso el binomio objeto-sujeto una contradicción en sí mismo; aunque simbióticamente ambas realidades -mantendremos dicha concepción en aras de facilitar la reflexión- se pertenezcan y completen como las dos caras de una moneda?
 
            Admitir la incapacidad de la razón humana para poder explicar a día de hoy el Mundo y sus circunstancias, es tanto como afirmar de alguna manera -así podría pensarse- que el Universo se nos presenta como un ente inescrutable y paradójico; y por lo tanto, en gran medida irracional.

 

                                               (J.L. Pacheco)

 


lunes, 7 de marzo de 2016

EL TEATRO DE LA VIDA


... de la Red




El Sujeto que mira al Mundo, es el mismo que lo piensa y siente.

Con matices tal vez, pero siempre el mismo.

Todo esto y mucho más le ocurre por dentro:

     interrelacionado     cuestionado    optimista     atormentado        

apasionado    racional     turbado    veraz     rebelde        satisfecho  

  emocionado     pesimista     enamorado        perjudicado    oprimido    

  compungido   afectado

instrumentalizado           desvalido              enajenado

malvado             convertido

inmaduro        perjudicado      santo   iluminado     feliz   exaltado

satisfecho         condolido        conmovido    cansado

vencido   redimido

y

salvado

 

 

viernes, 4 de marzo de 2016

HABLEMOS DE LAS CREENCIAS


... de la Red
 
 
 

 Creo modestamente que mientras la especie humana en evolución no logre superar el límite físico impuesto por la materia (el estado actual en que se manifiesta nuestra consciencia), algunas o muchas de las creencias de orden metafísico superior que el ser humano experimenta, nunca podrán ser verdaderamente validadas; es decir: ni probadas, ni refutadas. Continuarán exclusivamente recluidas en el ámbito personal del sujeto, constituyendo en todo caso su fe de vida.

Sin embargo, una inquietante duda me asalta, a pesar de que muchos digan que el Mundo en el que vivimos es lo que es, pura naturaleza a la que no debemos asignar ninguna dimensión espiritual. La cuestión es ésta:

¿Por qué, si existimos dentro de lo que la mayoría de los científicos consideran un campo conformado por fenómenos de orden físico, llega a  penetrar en nuestra mente el mundo ontológico de las ideas, eso que podríamos denominar desde un punto de vista filosófico: el mundo platónico? Algo que desdobla nuestra experiencia y llega a escindirla en dos planos diferenciados: materia y espíritu.

Ya sé: el viejo dilema de la dualidad cartesiana, para mí aún no resuelto. Y que en relación con esa estimada dualidad, curiosamente abandera posiciones encontradas incluso dentro de los investigadores dedicados al estudio de la Física Cuántica. A las pruebas me remito.
 
Es evidente que no sabemos aún cómo funciona la consciencia humana; y no deberíamos afirmar por tanto, sin pruebas irrefutables que lo avalen, una simple igualdad isomórfica entre el cerebro y la mente.

 
      Blog: "Papel en Blanco"              (J.L. Pacheco)